Para Sanlúcar de Barrameda
eso de “conjunto histórico artístico” quedará en poco tiempo
relegado a ser un simple reclamo para turistas despistados.
Cuando por todos los lados los pueblos van tomando
consciencia de que el patrimonio que les ha sido legado es
una bendición de los tiempos que merece la mayor de las
atenciones y de las defensas, en Sanlúcar se ha instalado la
desidia y la desconsideración. Cada casa digna de
consideración que aquí se tira, sufre en sus propias piedras
o la incultura o la mordaza que al gobernante corrupto le
impone el especulador de turno y que, por supuesto, acepta
con gusto y compensaciones.
La destrucción de la Casa Arizón es un broche de lujo a este
procesos demoledor.
La de Arizón, es un ejemplo único de casa de cargadores de
indias. Por caprichos del destino llegó hasta nuestros días
completa, es decir, no sólo la parte noble sino también las
bodegas, los patios,... Pero su derrumbe va a marchas
aceleradas . Pronto simplemente será una casa de cargadores
de indias más al estilo de las que decoran la céntrica Calle
Santo Domingo, pronto sus especuladores dueños habrán
conseguido que sólo quede la parte que les conviene.
Entonces buscarán dinero para hacer con la casa lo que
quieran, que no será más de lo que Sanlúcar les haya
permitido, y se llevarán mucho más dinero del que les
hubiera correspondido de ser honestos y respetuosos con las
características de lo que en su momento adquirieron.
El Castillo de Santiago sería la niña mimada de cualquier
pueblo. De un gótico espléndido y cargado, muy cargado de
historia, habría tenido las mejores manos para su cuidado,
habría sido restaurado por los expertos más reconocidos y
disfrutaría de un destino digno a su categoría.
Son dos claros y dolorosos ejemplos de lo que está pasando .
En el primero la primacía de los intereses especulativos y
en el segundo la negligencia o la incultura de los
gobernantes son algunas de las causas que nos llevan a esta
situación.
Pero el proceso ha sido largo y laborioso. No se deja a un
pueblo como Sanlúcar sin personalidad histórico-artística de
un día para otro. La larga marcha hasta llegar a la
situación actual se ha integrado de derrumbes de casa
centenarias y bodegas antiguas y singulares, de
restauraciones aberrantes– véase las Covachas- , y de planes
de ordenación que no han tenido en cuenta criterios integrativos a la hora de permitir nuevas construcciones en
emplazamientos singulares.
Se van dando los últimos coletazos, y demos gracias al
tiempo por habernos legado una cantidad de tal patrimonio
que todavía quedan casas por las que pelear. Declaremos la
guerra por la moribunda Casa Arizón, por el Castillo, por el
baluarte de San Salvador, por los bodegas de la Calle Luis
de Eguilaz. Si no somos capaces de salvar nuestro
patrimonio, negaremos a nuestros hijos los olores y los
colores que nosotros hemos podido disfrutar de pequeños, les
negaremos el silencio del barrio alto, y el bullicio de la
calle Trascuesta. Sólo nos quedarán las fotografías, los
libros de Historia y la vergüenza de haber perdido en un
generación lo que para crearse necesitó de siglos.