Resultan de una frivolidad suprema los
adornos urbanos que se han ido colocando en
las antiguas calles sanluqueñas, que son
costosos e innecesarios en esta zona,
pudiendo sin embargo embellecer algunas
barriadas de la ciudad.
Así, por ejemplo, en
la calle San Jorge sobran las farolas
"isabelinas", que entorpecen la
visibilidad de la hermosa portada del
convento de Regina, las cuales se podrían
haber situado en las paredes laterales y
sustituirse por unos menudos surtidores de
agua fresca. También han sido dolorosas las
pérdidas llevadas a cabo en la nueva
Biblioteca -artículo de Gerión de la semana
pasada en este periódico-, como el escudo
que decoraba el antiguo Salón de Plenos,
entre otras.
El último disparate ha sido la
colocación de esos elevados maceteros de
tres brazos en la Cuesta de Belén y Plaza de
Madre de Dios, los cuales han distorsionado
absolutamente el encanto de estos centenarios
enclaves de nuestra ciudad, integrados dentro
del recinto declarado "Conjunto
Histórico-artístico", ante el que los
políticos gobernantes están manifestando un
desprecio e insensibilidad totales. ¿A
quién le gusta que le profanen sus
ancestrales moradas?.
Paradójicamente, frente a estas agregaciones
superficiales, se nos han sustraído
importantes edificios protegidos de nuestro
Patrimonio Histórico, produciéndose
demoliciones sin licencia (Casa de las
Palomas, Casa del Ingeniero del Gas);
derrumbes con licencia (naves de La Almona;
diversas bodegas); abandonos conscientes e
institucionales (Casa de Arizón, Castillo de
Santiago); y aparente ceguera ante los
numerosos inmuebles en peligro de
desaparición. Además, todavía no se ha
sancionado a los muchos infractores, que
continúan comprando casas (Casa de la
Columna ya sin cubiertas; Casa de Aldama con
patio neogótico único en Sanlúcar;
establecimiento tradicional de Casa Porrúa,
de gran valor antropológico, etc.), todo
ello para seguir hiriendo y apuntillando aún
más nuestra arquitectura.
¿Cómo el Alcalde y sus delegados se
preocupan y gastan el dinero público en
estas menudencias y no abren sus mentes a la
trascendencia que tiene la conservación de
la ciudad? Tanto en hechos como en palabras,
el discurso político-cultural de este equipo
de gobierno se caracteriza por ser
"repetitivo" y especulador, además
de ramplón... y, por tanto, digno de toda
desconfianza.
